Con la primera revisión del T-MEC programada para 2026, entraremos a una nueva era de fiscalización comercial. El entorno global muestra un claro regreso al proteccionismo, y las autoridades están endureciendo sus revisiones en materia de clasificación arancelaria y reglas de origen.
Pero hay un riesgo silencioso que muchas mesas directivas pasan por alto: la desconexión entre la estrategia de impuestos y la operación aduanera.
En la práctica corporativa, es común que las empresas realicen ajustes retroactivos en sus precios de transferencia para cumplir con la normatividad fiscal, olvidando que estos cambios impactan directamente el valor en aduana que ya fue declarado en sus pedimentos de importación. Conceptos como el pago de regalías, los assists (ayudas) y los descuentos afectan ambas materias y exigen una coordinación corporativa milimétrica.
Una desalineación entre lo que reportas al fisco y lo que declaras en la aduana suele traducirse en el cobro de aranceles omitidos, créditos fiscales determinados de forma retroactiva, rechazos en la devolución de IVA acreditable y multas severas. En el peor de los casos, puede frenar por completo la logística de tu negocio.
Para proteger el patrimonio y la rentabilidad de la familia empresaria, la gestión fiscal ya no puede trabajar en un "silo" aislado. Es indispensable alinear la política de precios de transferencia con la valoración aduanera y mantener una trazabilidad impecable de los insumos y materiales desde hoy.
Como Miembro Colaborador del Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León, A.C. (ICPNL), recomiendo ver la próxima revisión del T-MEC no como una amenaza, sino como el catalizador perfecto para modernizar nuestros controles internos.
¿En su organización las áreas de impuestos y comercio exterior trabajan con una misma estrategia, o siguen operando como mundos separados?
-- Joel Rodríguez